“
Tómala vos…dámela a mí…es el boleto
estudiantil.”
Los asesinaron cuando recién ingresaban a la adolescencia.
Conocieron el horror infinito en un tiempo de desprecio. A treinta años
de que los lápices dejaran de escribir, María Claudia
Falcone es el nombre de la Escuela Media Municipal número 7 de
Palermo. Este año, otro colegio, el número 12 de Gonnet,
llevará el nombre de Horacio Ungaro, ahí donde acunó
sus sueños.
Se conoce como la noche de los lápices a una serie de secuestros
de diez estudiantes de secundaria, ocurridos durante la noche del 16
de septiembre de 1976 y días posteriores en la ciudad de La Plata,
Argentina. Este suceso es uno de los más representativos dentro
de la represión impuesta por la dictadura argentina englobada
en el plan del Proceso de Reorganización Nacional, ya que las
desapariciones se realizaron sobre estudiantes, en su mayoría,
menores de edad. El caso tomo notoriedad pública en 1985 luego
del testimonio de Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes en el
Juicio a las Juntas. Él mismo participó de la creación
del guión que llevo la historia en 1987 al cine. Cuatro de los
estudiantes secuestrados sobrevivieron a las posteriores torturas y
traslados impuestos por la dictadura. Aunque algunos grupos de militares
retirados niegan los hechos como válidos, el estado argentino
—en su totalidad— reconoce su accionar en lo ocurrido. Las
víctimas eran en su mayoría militantes o ex-militantes
de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de La Plata. Esta
agrupación, junto a otras, habían reclamado en 1975 ante
el ministerio de Obras Públicas el otorgamiento del boleto estudiantil
secundario, en ese momento inexistente. Esta circunstancia, junto al
testimonio de uno de los sobrevivientes, Pablo Díaz, ha popularizado
la hipótesis de que los secuestros hayan sido consecuencia directa
de aquél reclamo, sin embargo otros sobrevivientes, como Emilce
Moler, afirman que ese reclamo específico no tuvo ninguna incidencia
en el episodio del 16 de septiembre. 1Según la CONADEP5 la policía
bonaerense había preparado un operativo de escarmiento para los
que habían participado de la campaña por el boleto estudiantil,
considerada por las Fuerzas Armadas como «subversión en
las escuelas», y que "los adolescentes secuestrados habrían
sido eliminados después de padecer tormentos en distintos centros
clandestinos de detención, entre los que se encontraban: Arana,
Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes, Jefatura de Policía de la
Provincia de Buenos Aires y las Comisarías 5a., 8a., y 9a. de
La Plata y 3a. de Valentín Alsina, en Lanús, y el Polígono
de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires". Y todos
los 16 de septiembre, miles y miles de estudiantes recorren las calles
recordando a aquellos jóvenes. Los que militaban por una sociedad
más justa. Los que libraron la lucha por el boleto estudiantil.
Ahí en la Plata, en sus diagonales, después de los años
de silencio, el viento de la memoria trae el estribillo de aquellas
jornadas tumultuosas y esperanzadoras: “ Tomala vos/ dámela
a mí/ es el boleto estudiantil.”