Un
aporte más de valores para vivir
¿PODEMOS SER TOLERANTES?
En un planeta con más de seis mil millones de habitantes
humanos, no existe la obligación para
cada uno de tener vínculos con todos los demás. Seria,
por otro lado, imposible. Las relaciones interpersonales se establecen
a partir de la elección. Elegimos con quien nos vinculamos, y
el elegir nos hace responsables de nuestra participación en esa
relación. Esto necesita observación, atención,
disposición, apertura de mente y de corazón, presencia
y tiempo. Los mismos ingredientes forman parte del acto por el cual
elegimos no vincularnos con alguien o desvincularnos de esa persona.
Y los mismos seis componentes construyen el mas poderoso antídoto
contra la intolerancia.
Queda mucho trabajo, persona y colectivo, en el camino hacia la erradicación
de la intolerancia en las relaciones interpersonales.
Aguarda la tarea de acercar las trincheras de las batallas cotidianas
hasta observar los rostros de los demás y empezar a descubrir
que se parecen mucho al nuestro. Hay un camino por recorrer para conocer
al otro y admitirlo en su identidad. La intolerancia es hija de la ignorancia
y madre de las guerras, publicas y privadas, grandes y pequeñas.
Critobal Garro ex profesor del Colegio Mariano Acosta de Buenos Aires,
socio de honor de la Asociación Argentina para la Infancia, dice:
“Practicar la tolerancia no significa renunciar a las convicciones
personales ni atemperarlas. Significa que toda persona es libre de adherir
a sus convicciones individuales y aceptar que los demás se adhieran
a las suyas propias, significa aceptar el hecho que todos los seres
humanos, naturalmente caracterizados por la diversidad de su aspecto,
su situación o su forma de expresarse, su comportamiento y sus
valores, tiene derecho a vivir en paz y a ser como son”.
Para salir de la intolerancia es preciso aprender una tarea que requiere
de las herramientas mas valiosas de la inteligencia humana: la de usar
los zapatos del otro y sentarse en su silla. Desde allí se asiste
a una experiencia siempre deslumbrante y enriquecedora. La experiencia
del encuentro.
EL DESAFIO MÁS URGENTE: APRENDER A ACEPTAR AL OTRO.