Migliaro
ejerce violencia con sus palabras
Es necesario poder reflexionar sobre el conflicto agropecuario que está
relacionado con la
violencia y la imposibilidad de dialogar con el que opina distinto.
Lo ocurrido en Berdier es solo un hecho en una sociedad conmovida por
el ataque kirchnerista al sector agropecuario. Este ataque se materializó
especialmente con la violencia de la palabra, ejercida por aquellos
que tienen la responsabilidad de gobernar.
Migliaro trató de “atorrantes” a los productores,
les reprochó haberlos ayudado cuando “estaban fundidos”,
los describió como avaros y los hizo responsables por la ausencia
del gobernador en Berdier. Esa violencia ejercida desde el poder que
da el micrófono y la tribuna tiene su correlato en la voz del
ex presidente en ejercicio, Néstor Kirchner, quien desde otro
púlpito arengaba a sus diputados pidiéndoles que “tengan
coraje, pónganla y jueguen con fuerza”. Si ambos discursos
no engendran violencia, ¿la violencia donde está?
Muchas veces relacionamos la violencia con la violencia física,
pero en realidad existen muchos tipos de violencia, mucho más
sutiles, pero muy eficaces como, por ejemplo, el uso del otro, la dominación,
la extorsión, la indiferencia, la pobreza, la apropiación
de las palabras y la mentira.
La violencia tiene su origen en la falta de justicia. La injusticia
en todas sus formas y actitudes generan condiciones de violencia ascendente
a las que venimos asistiendo y que con el conflicto del campo se pusieron
de manifiesto, sobre todo, porque desde el gobierno nacional, provincial
y municipal se decidió recrudecer las antinomias que hoy podrían
pensarse hasta anacrónicas.
Por ejemplo, se busca encasillar como golpista a aquellos que salieron
a opinar distinto; se señala como enemigos a un sector que podría
ser visto como cualquiera que criticase las medidas adoptadas contra
el campo. Así, aquellos que fueron a la rotonda, aquellos que
se manifestaron en la Plaza San Martín, son golpistas y oligarcas.
El diálogo implica poder hablar y poder escuchar, pero poder
escuchar en un sentido activo; esto es, no solo recibir lo que el otro
dice, sino también interpretar lo que se escucha, comprender
por qué lo dice y la posibilidad de que, a partir de ese diálogo,
uno pueda modificar su posición inicial. No parecen comprender
esto ni Néstor Kirchner, ni Cristina Fernández, ni Daniel
Scioli, ni Victorio Migliaro.
Leopoldo Muza
Vicepresidente 2do – ARI SALTO