. AÑO VI

Migliaro ejerce violencia con sus palabras


Es necesario poder reflexionar sobre el conflicto agropecuario que está relacionado con la violencia y la imposibilidad de dialogar con el que opina distinto. Lo ocurrido en Berdier es solo un hecho en una sociedad conmovida por el ataque kirchnerista al sector agropecuario. Este ataque se materializó especialmente con la violencia de la palabra, ejercida por aquellos que tienen la responsabilidad de gobernar.

Migliaro trató de “atorrantes” a los productores, les reprochó haberlos ayudado cuando “estaban fundidos”, los describió como avaros y los hizo responsables por la ausencia del gobernador en Berdier. Esa violencia ejercida desde el poder que da el micrófono y la tribuna tiene su correlato en la voz del ex presidente en ejercicio, Néstor Kirchner, quien desde otro púlpito arengaba a sus diputados pidiéndoles que “tengan coraje, pónganla y jueguen con fuerza”. Si ambos discursos no engendran violencia, ¿la violencia donde está?

Muchas veces relacionamos la violencia con la violencia física, pero en realidad existen muchos tipos de violencia, mucho más sutiles, pero muy eficaces como, por ejemplo, el uso del otro, la dominación, la extorsión, la indiferencia, la pobreza, la apropiación de las palabras y la mentira.

La violencia tiene su origen en la falta de justicia. La injusticia en todas sus formas y actitudes generan condiciones de violencia ascendente a las que venimos asistiendo y que con el conflicto del campo se pusieron de manifiesto, sobre todo, porque desde el gobierno nacional, provincial y municipal se decidió recrudecer las antinomias que hoy podrían pensarse hasta anacrónicas.

Por ejemplo, se busca encasillar como golpista a aquellos que salieron a opinar distinto; se señala como enemigos a un sector que podría ser visto como cualquiera que criticase las medidas adoptadas contra el campo. Así, aquellos que fueron a la rotonda, aquellos que se manifestaron en la Plaza San Martín, son golpistas y oligarcas.

El diálogo implica poder hablar y poder escuchar, pero poder escuchar en un sentido activo; esto es, no solo recibir lo que el otro dice, sino también interpretar lo que se escucha, comprender por qué lo dice y la posibilidad de que, a partir de ese diálogo, uno pueda modificar su posición inicial. No parecen comprender esto ni Néstor Kirchner, ni Cristina Fernández, ni Daniel Scioli, ni Victorio Migliaro.

Leopoldo Muza
Vicepresidente 2do – ARI SALTO